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viernes, 28 de junio de 2013

Hallan dos edificios y vasijas códice en el sitio arqueológico de Calakmul

Juan Carlos Talavera y Reyna Paz en Campeche



Revelan el hallazgo de dos nuevas edificaciones dentro del sitio arqueológico de Calakmul. Se trata de la Estructura XXI y la Estructura Kalomt’e, ambas ubicadas en el área residencial de la Gran Acrópolis, detectadas durante las más recientes excavaciones en el sitio arqueológico.

También fueron mostrados los trabajos de restauración realizados en las pinturas murales del edificio ceremonial de ChiikNahb, los cuales están por concluirse y muestran un nuevo ángulo de la cultura maya, así como los realizados a un friso de grandes dimensiones, descubierto en la Subestructura IIcen 1999, que próximamente podrían ser abiertos al público.

De la Estructura XXI, el arqueólogo Omar Rodríguez Campero, encargado de los trabajos de campo del Proyecto Arqueológico Calakmul (PAC), señala que en ésta se han detectado materiales cerámicos de elite, como vasijas códice, con información epigráfica muy importante que, en los próximos años, arrojarán mayor luz sobre las relaciones sociopolíticas en la ciudad.

Entre las piezas halladas en este sitio están ocho figurillas de cerámica: un silbato –utilizado para emitir sonidos en celebraciones–, un búho, un pavo de monte, un jugador de pelota, un fragmento de una extremidad, tres cabezas de jugadores de pelota y una figurilla aún no definida. Estas piezas halladas en dos de las nueve habitaciones de la Estructura XXI, sugieren la hipótesis de que la edificación tuvo un uso doméstico y para mantener comunicada toda el área residencial.

Sin embargo, aún falta por excavar cerca de 30 metros de profundidad para concluir el salvamento arqueológico en la Estructura XXI, donde se ha determinado que las figurillas encontradas tuvieron un uso ritual y festivo.

Y sobre Kalomt’e, Rodríguez Campero reconoce que hace poco inició los trabajos de excavación para comprender su arquitectura. “Aún estamos excavando y tratando de entender la configuración urbana de estos edificios”, asegura, pero a primera vista se ve un edificio de 70 por 80 metros totalmente en piedra, es decir, un montículo que en su parte interior alberga otros siete edificios. “Sin embargo, aún estamos en proceso de excavación y creo que sería muy aventurado hacer un comentario más”, dice en el marco del IX Congreso Internacional de Mayistas.

PINTURA MURAL. Las pinturas murales están plasmadas en las cuatro paredes de una subestructura de la zona ChiikNah –espacio a 200 metros de la parte central del sitio–, y representan 60 escenas de la vida cotidiana de los mayas en Calakmul. “Este edificio era de tipo conmemorativo por lo que creemos que los mayas plasmaron las celebraciones del final de un Baktún –conclusión del periodo de 20 años según su calendario–, las fiestas hechas después de la entronización de un gobernante o la unión de matrimonios”, expresa Rodríguez Campero.

—¿Qué importancia tienen estas pinturas para la zona maya?

—A diferencia de otras, localizadas en Bonampak, Tikal o San Bartolo, estas pinturas presentan una vertiente muy naturalista del arte maya, es decir, contienen figuras con una temática relajada en términos de que no sólo se concentra en los gobernantes y los dioses, sino en sus habitantes.

Por ejemplo, entre las escenas de los murales sobresalen las imágenes de personas consumiendo alimentos, manejando ollas y costales de objetos que no se conocen, así como aves, otras especies animales y las variedades de vestuarios que usaban los mayas en Calakmul.

Tradicionalmente a través de los códices o ciertas vasijas podemos observar la vestimenta de los gobernantes, de ciertos guerreros o jugadores de pelota, explica, y ahora “con la información de estos murales tenemos un repertorio de tocados, joyería y de ropa de hombre… y contrario a lo que siempre se consideraba, que el maya sólo utilizaba el taparrabos y una manta, vemos que usaban enredos, es decir, telas anudadas alrededor de la cintura”.

Todas las pinturas, añade, tienen una franja roja y al interior de ésta se ubican las imágenes pintadas con seis colores, entre ellos, verde, rojo, azul, ocres y varias gradaciones de las mismas tonalidades. Cabe señalar que dicha restauración se llevó a cabo con la utilización de materiales originales. “Todos estos contextos con pintura estaban hechos sobre estuco y entonces para su intervención se emplearon materiales como el sascab –caliza– y cal de horno tradicional”, describe el arqueólogo.

Los trabajos de restauración de estas pinturas, que datan del periodo 650 a 700 d.C., se iniciaron en 2004, año en que fueron descubiertas, y actualmente, asegura Omar Rodríguez, están en la última fase ya que falta afinar detalles de reintegración cromática y adaptar la edificación para que pueda ser abierta al público.

EL FRISO. Sobre el friso de veinte metros de largo por cuatro de alto, que representa la entrada al inframundo y que está ubicado en el interior de la Subestructura IIcen, el arqueólogo señaló que se tiene un avance del 80% de su restauración y sólo falta por conservar las deformaciones que sufrieron los faldones modelados con estuco y los dos moriscos que se ubican en la parte inferior del friso.

Y señala que continuarán trabajando en la conservación de los tres colores del friso: ocre, rojo y negro; así como en la limpieza de la bóveda de cañón corrido –ubicada tras el friso–, construida en el año 350. a.C. y que por tanto, rompe el mito de que estos arcos fueron inventados por la cultura romana en el año 100 a.C.

Por último, Lirio Suárez, directora del INAH Campeche, señala que este año se invertirán seis millones de pesos para concluir la restauración de las pinturas y del friso, y asegura que se alista el funcionamiento de una planta de tratamiento de agua que el IPN ha instalado en esta zona.
Tomado de: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/764592.html

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